En 1957, los defensores del consumidor y el público en general quedaron horrorizados con la publicación del libro del estadounidense Vance Packard, The Hidden Persuaders. En él se explicaba cómo introducían en las películas imágenes de productos durante tan poco tiempo que los espectadores no se daban cuenta de ello, lo que había provocado un aumento estrepitoso de las cifras de ventas de dichos productos en los supermercados.

Si esto ocurrió en los años 50, ¿cómo puede ser que hasta el siglo XXI no se esté hablando tanto como en nuestros días del neuromarketing y su aplicación en las neuroventas?

Una de las razones es la constante información que tenemos a la hora de tomar decisiones, el consumidor ya no compra aquello que necesita sino una serie de cosas que le impulsa su cerebro a comprar de forma inconsciente. La fidelidad a la marca, cada día más, se constituye en uno de los ejes de las grandes compañías para hacer frente a la falta de rotación de artículos lo que constituye un gran quebradero de cabeza de los departamentos de ventas.

En la gran mayoría de las decisiones de compra cuando realizamos una encuesta sólo nos da información de lo que el entrevistado ha percibido conscientemente. Sin embargo, muchos mensajes publicitarios tienen un efecto inconsciente, por lo que no es posible para los encuestados explicarlo con palabras, esta es una de las limitaciones del método clásico de investigación de mercados.

El neuromarketing puede ser útil para conocer mejor los deseos, necesidades y comportamientos del consumidor, además de proporcionar indicaciones muy válidas para no gastar sin sentido los presupuestos publicitarios.

Básicamente, nuestro cerebro se podría clasificar en dos sistemas:

1. El sistema cognitivo, para el procesamiento de la información, es decir, el córtex.

2. El sistema emocional, para el procesamiento de los sentimientos, el sistema límbico.

Qué conclusiones podemos extraer de aplicar el neuromarketing a nuestro negocio o empresa.

1) Las decisiones de compra se basan en que los productos y servicios se presenten de tal forma que respondan a las motivaciones y deseos del cliente potencial. Si lo consiguen, el producto o servicio resultará atractivo.

2) Al cerebro cuando se encuentra con marcas atractivas que les son relativamente conocidas, no gasta ninguna energía en pensar, actúa directamente impulsando la acción de comprar.

3) Un producto o servicio está cargado de emociones positivas, nos produce, por ejemplo, seguridad, disfrute, estatus, autonomía, etc. Actúa,directamente, sobre el sistema límbico.

¿Me ayudas a llegar a más personas? Comparte el artículo en tus redes.

Aimar Martinez – Coaching de empresas Contáctame

×
Hola

¿Te puedo ayudar en algo?